Peligros de la paquetería

Jueves, 10 agosto 2006

Hoy he sido víctima de un paquete. Si, lo digo en serio. No, no me ha caído encima ningún enorme bulto de 300 kilos, ni me he metido ni fumado nada de “eso” tan malo para la salud de uno, lo digo absolutamente en serio.
Tampoco es que el paquete no haya llegado, como cabría esperar… (porque todos debemos admitir que cuando uno espera un paquete tiene esa extraña sensación de que nunca vamos a verlo finalmente, que nos lo pueden haber abierto desde la oficina de paquetería hasta la vecina cotilla del piso de abajo, pasando por los repartidores, los guardias de seguridad que operan los rayos X, los que cargan en AENA… Si la verdad es que es para ponerse paranoico perdido :-P). El problema es que si llegó… Pero bueno, les relataré.

Primero, la emoción inicial (inocente de mi): “¡Por fin ha llegado!” me digo a mi mismo mientras suavemente intento abrir el paquetito (un bulto de unos 20 x 10 x 15 cm) de plástico en el que lo han envuelto… Y tras pasar esta primera “etapa” me encuentro con el problema “real”. Lo único que veo es una etiqueta hecha con un folio con mis datos y los de mi remitente. Y alrededor una cinta adhesiva que reza “Precinto de seguridad”. “Bueno…” me vuelvo a decir a mi mismo (si, no me digas que nunca has hablado contigo. Ahora va a resultar que soy el único loco del planeta, ¿no?) “… vamos a abrirlo rapidito para irnos a comer”. “¡Y un carajo!”, creo que debió responderme el paquetito, porque tras quitar unos 30cm de cinta, ahí seguía el maldito sin mostrar un ápice del contenido. Ya un poco acalorado empiezo a arrancarlo todo sin ton ni son… pero que va, eso no salía ni a tiros. Pero como uno es perseverante, tras 20 minutos de andar arrancando con las llaves, los dientes, el ambientador, el freno de mano (estaba en mi coche)… logré quitar finalmente lo suficiente para ver ALGO… ¡que resultó ser un montón de periódicos en donde también habían envuelto la cajita!. “Dios mío…” vuelvo a decirme a mi mismo (ya que aunque mi coche ha dado sus primeros pasos, aún se resiste a hablar) “… espero que esto sea el fin”. Bueno, casi que lo fue, aunque tras arrancar 20 páginas del periódico local de no-se-qué-lugar, logré abrir la cajita para encontrarme que contenía los suplementos deportivos, las esquelas y la programación del jueves por la tarde. ¡Y por fin, entre tanto papel sin sentido, una pequeña cajita blanca contenía mi preciado envío!

La verdad es que por un anillo de diamantes no me hubiese importado lo más mínimo estar media hora tranquinando con el paquetito. Pero anda que por un llavero
Moraleja: Si no le desean mal a nadie, NO le envíen ningún paquete. Les habla una víctima 😉

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